Misioneras

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Quiénes somos

Anagrama

Misioneros del Mater Salvatoris es un grupo de jóvenes que ha decidido hacer una apuesta más grande por el Amor: sirviendo a los más necesitados y a los que no conocen a Dios a través de las obras de amor.

Formamos parte de la Congregación Mariana y la Virgen, primera misionera, es modelo, guía, madre e inspiración de nuestra entrega.

El lema de misioneras es “en todo amar y servir”, palabras tomadas de S. Ignacio de Loyola. Estas palabras son una síntesis del espíritu con el que queremos vivir el apostolado.

Qué hacemos

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1 SÁBADO AL MES
Las misioneras visitan centros de discapacitados, residencias de ancianos o casas cunas con el fin de acompañar con el amor de nuestra entrega a las personas que más puedan necesitarlo.

 

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1 FIN DE SEMANA AL AÑO
Las misioneras comparten un fin de semana entero con discapacitados, participando de su vida de manera más cercana.

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MISIÓN DE VERANO
En verano hacemos una misión rural poniéndonos al servicio del párroco que pueda necesitarlo. Atendemos a los niños, visitamos las casas, tenemos encuentros con jóvenes, noches de evangelización, rosarios nocturnos, cine y conciertos.

 

Actividades
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  • Misión de febrero ´20:

    Al igual que todos los meses, las misioneras nos reunimos y fuimos esta vez a residencias de ancianos en El Escorial. Empezamos con el envío misionero, en el cual tratamos la pobreza personal de cada uno y la oportunidad de ofrecérsela toda al Señor, ya que Él se sirve de ella y nos escoge a todas individualmente, con nuestras debilidades y fortalezas. Es importante recordar que todo lo que hacemos es por el Señor y gracias a Él, y que como dijimos en la reunión, la misión siempre sale bien porque es Suya, no nuestra.

    La verdad es que al principio no me veía con fuerzas para ir a una residencia de ancianos porque hacia muchísimo que no iba, pero cuando entré allí vi a todos saludándonos y mirándonos con una sonrisa y esperanza en los ojos, a pesar de las dificultades personales que cada uno tenía. Eso me animó bastante.

    Propósito de regalo para la Virgen de Lourdes.

    Primero hicimos un rosario y justo antes de irnos, las misioneras rezamos un misterio con ellos: fue un regalo ver cómo a algunos ancianos les costaba más rezarlo y nos pedían ayuda, como los niños. Para mí fue un bonito ejemplo de humildad, ya que muchas veces nos cuesta aceptar la ayuda de los demás para cosas más «difíciles» que lo que para nosotras es un simple Ave María, que podemos rezar muy rápido y con los ojos cerrados. Mientras estábamos ahí rezando, me sentía más cerca de la Virgen, como si nos hubiese cogiese de la mano a cada uno.

    A esta misión me acompañó una amiga, a la que le sorprendió mucho la especial alegría que mostraban estos residentes, a pesar de su pobre y delicada apariencia externa. Me contó que le impresionó que siempre que la hablaban lo hacían con una sonrisa… yo, por mi parte, estoy segura de que esa alegría no la podría haber encontrado en ningún otro lado.

    Justo después de reunirnos con las demás misioneras para comer y jugar un rato, tuvimos la reunión, que trataba sobre la valentía. Hablamos de que ser valiente significa atreverse a hacer las cosas a pesar de tener miedo, y de cómo un gran ejemplo de valentía fue la Virgen, que pronunció su «fiat» y aceptó seguir los planes del Señor con tan corta edad, pero tanta Fe y Amor. En conclusión, ser valiente consiste, como decía San Ignacio de Loyola, en poner todos nuestros medios como si las cosas dependieran de nosotros, pero con la confianza de que todo depende de nuestro Padre, que siempre está a nuestro lado, apoyándonos y amándonos.

    Por la tarde fuimos a otra residencia de ancianos, donde a algunas compañeras y a mí nos separaron de las demás para ir a una planta de la casa donde vivían los que se encontraban en peores condiciones. Tuve oportunidad de acompañar a tres mujeres: una de ellas no respondía casi y parecía muy poco interesada en conversar con las demás, aunque logré sacarle una sonrisa al darle un beso en la mejilla cuando nos despedimos. Las otras dos reaccionaron mucho más que la primera, de hecho, una de ellas me dijo algo que me llamó realmente la atención: que «se sentía afortunada de poder ver mis ojos felices y mi sonrisa» y yo, claramente, no pude evitar pensar: “Señor, te está viendo a Ti.”

    ¡Los niños de sus ojos!

    A la vuelta, tuvimos una misa preciosa, en la que el sacerdote comentó el Evangelio de san Mateo: «somos la luz del mundo y la sal de la tierra, por lo que nuestra primera misión es llenarnos de Jesús, para después llevarle, con ayuda de las demás, a todas las almas y a todas las almas a Él; todo por Jesús».

    Por todo esto, la misión fue una bendición, y doy gracias al Señor por ser tan afortunadas de que María, la Inmaculada Concepción, ha querido contar con cada una de las que fuimos y nos ha llamado para que Dios nos llene de su Gracia y así podamos seguir adelante y continuar con la misión.