Misioneras

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Quiénes somos

Anagrama

Misioneros del Mater Salvatoris es un grupo de jóvenes que ha decidido hacer una apuesta más grande por el Amor: sirviendo a los más necesitados y a los que no conocen a Dios a través de las obras de amor.

Formamos parte de la Congregación Mariana y la Virgen, primera misionera, es modelo, guía, madre e inspiración de nuestra entrega.

El lema de misioneras es “en todo amar y servir”, palabras tomadas de S. Ignacio de Loyola. Estas palabras son una síntesis del espíritu con el que queremos vivir el apostolado.

Qué hacemos

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1 SÁBADO AL MES
Las misioneras visitan centros de discapacitados, residencias de ancianos o casas cunas con el fin de acompañar con el amor de nuestra entrega a las personas que más puedan necesitarlo.

 

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1 FIN DE SEMANA AL AÑO
Las misioneras comparten un fin de semana entero con discapacitados, participando de su vida de manera más cercana.

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MISIÓN DE VERANO
En verano hacemos una misión rural poniéndonos al servicio del párroco que pueda necesitarlo. Atendemos a los niños, visitamos las casas, tenemos encuentros con jóvenes, noches de evangelización, rosarios nocturnos, cine y conciertos.

 

Actividades
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  • Crónica Misión de Navidad ’19:

    El pasado 28 de diciembre, tras unos cuantos exámenes y unos días de descanso celebrando en familia el nacimiento del Niño Dios, llegó por fin ¡¡¡la misión de Navidad!!! Desde el primer momento, preparándola, no se trató de una misión cualquiera, sino de una muy especial pues las residentes del centro Villa Teresa de Ávila, al que solemos ir de visita, ¡vinieron a Madrid a pasar el día con nosotras! Fue un regalo adelantado de Reyes.

    Empezamos el día poniéndonos en manos de Dios con la Santa Misa. De este modo, recordamos que toda la entrega y servicio de una misionera viene motivada por esa llamada de Dios a amar al prójimo. A continuación, tuvimos la reunión por grupos en la que precisamente tratamos el tema de la servicialidad. En ella vimos cómo la entrega desde Jesús nos lleva a darnos más incondicional y auténticamente. Y es que el amor de la mano de Jesús y de la Virgen… ¡no conoce límites!

    Después nos dividimos en dos grupos para comenzar la misión: algunas de nosotras se fueron con los residentes a visitar el Belén de Hoyo de Manzanares y otras se quedaron en el colegio preparando los bocadillos que repartiríamos por la tarde por las calles de nuestra ciudad. Los preparamos con mucho cuidado y cariño para que estas personas recordasen que, aunque las circunstancias sean tan duras, nunca están solos pues siempre tendrán un Padre con el que poder hablar y que se preocupa por ellos.

    Sobre la visita al Belén de Hoyo: contaba con un narrador que te iba relatando la historia y poco a poco se iban iluminando las distintas escenas que mencionaba. Una vez terminada la historia, decidimos verlo una segunda vez porque a las residentes les gustó mucho.

    Cuando las residentes por fin llegaron al Colegio, les recibimos con una canción que habíamos preparado con mucho entusiasmo, a lo que ellas respondieron con un villancico cantado a pleno pulmón. Este gesto me recordó que lo verdaderamente importante es la actitud con la que hacemos las cosas y que, independientemente de la magnitud de lo que hagamos, si le ponemos corazón lo estamos dando todo. Con todas estas emociones a flor de piel, disfrutamos de una espléndida comida preparada por las cocineras del Mater con todo su cariño: ¡¡¡paella y churros con chocolate!!!

    El grupo de misioneras que se iba a repartir bocadillos abrió paso a la tarde con un ratito de oración pues, no vamos simplemente a repartir bocadillos, sino que, como los pastores, llevamos el anuncio de que Dios se ha hecho Niño para estar, especialmente, con los más necesitados. Así pudimos llevar alegría y esperanza a los pobres de Madrid.

    Las demás misioneras, junto a nuestras invitadas pasaron la tarde tan buena que hacía bailando y jugando al aire libre. ¡Hasta posaron para la cámara en un photocall… cual bodorrio del Hola!

    Me llegó mucho un comentario de otra misionera que me hizo reflexionar, dijo: “Hoy he pasado por calles por las que voy a menudo e iba buscando algún pobre al que poder dar de comer y algo de conversación, mientras que cualquier otro día si veo que se acercan a pedirme dinero, salgo corriendo”. Esto me llevó a pensar en cuántas personas hay a nuestro alrededor que gritan a diario que tienen sed, sed de algo que muchas veces no saben lo que es o no le quieren poner palabras pero, en definitiva, sed de Dios. Nosotras, como misioneras, somos instrumentos de Dios todos los días de nuestra vida y en todo momento, por ello no podemos hacer oídos sordos a los gritos que nos rodean sino al contrario, debemos estar alerta para ayudar y dar luz a todo el que lo necesite.

    Finalmente, cerramos el día con un compartir todas juntas. Esto consiste en contar dónde has visto a Dios a lo largo del día o qué aprendizaje te llevas de la misión. Estuvo fenomenal ya que así conocimos a compañeras nuevas y pudimos vivir un poquito, a través de las vivencias de las otras misioneras, la parte de la misión que no vimos.

    Volvimos a nuestras casas después de un día largo y cansado pero con una sonrisa en nuestros rostros que no se borraría en muchos días, pues es la sonrisa de cristianos resucitados que no se acomodan en su sofá. Es la sonrisa de un día entero entregado a la mejor causa: Dios y el prójimo. Es la sonrisa de un Cristo vivo que acaba de nacer en nuestros corazones y nos llena de un amor TAN grande que no nos lo podemos quedar para nosotras mismas.

    EN TODO AMAR Y SERVIR