Crónica Semana Santa – Fátima 2019

Como cada año en Semana Santa, llegaron nuestras tan ansiadas convivencias de universitarios y profesionales. Siempre nos reunimos en estas fechas para acompañar al Señor en la cruz y vivir la pasión todos juntos de la mano de nuestra Madre. Y este año en concreto iba a ser más especial porque nos íbamos a Fátima. Por lo que, ¿qué mejor que acompañar a María en la pasión de su hijo que tan cerca de ella?

El miércoles por la mañana salimos en autobús un buen grupo para poner rumbo a Portugal y empezar así los que iban a ser unos grandes días. Tras unas largas horas llegamos a nuestro alojamiento, un hotel casa de unas religiosas Dominicanas. Después de instalarnos, lo primero que hicimos fue ir a ver a nuestra Madre al Santuario. Algunos de nosotros se habían preparado un “tour” y nos fueron explicando toda la historia de ese lugar, para después iniciar la Semana Santa con una misa en la capelina. Con este gran comienzo pudimos ofrecerle a María los frutos de las convivencias y le pedimos que nos diera luz para acompañar verdaderamente a Jesús durante esos días.

El jueves nos fuimos de excursión. A pesar de las amenazas de todos los pronósticos meteorológicos, la Madre Félix se las arregló para que el sol nos acompañase en todo lo que habíamos planeado. Por la mañana fuimos al cenáculo y se puede decir que todos salimos distintos a como habíamos entrado. Tres chicos nos contaron su testimonio de cómo, a base del trabajo, la amistad y la oración habían conseguido dejar las adicciones que tenían, nos ayudó muchísimo que compartiesen su testimonio de fe con nosotros, fue distinto a los que solemos escuchar. Los más animados se lanzaron a bailar con ellos y todos salimos contagiados de esa alegría que transmitían. Después pusimos rumbo a la playa de Nazaré donde unos valientes se acercaron a la orilla para mojarse los pies (la cosa llegó hasta las piernas para algunos), otros sacaron la guitarra y al final todos cerramos rezando el rosario con muy buenas vistas, contemplando el regalo que Dios nos había dado durante el día. Por la tarde, dimos paso a la reunión por grupos, que nos ayudó a entrar en Getsemaní y después de un pequeño ensayo de cantos tuvimos los oficios y empezamos a entrar poco a poco en la pasión. Cenamos y tuvimos la suerte de ir al Santuario a tener la exposición del Santísimo, acompañando al Señor en la oración del huerto. Después, nos dividimos en grupos y tuvimos la vela, nos organizamos para no dejarle solo durante la noche.

El viernes santo, como el Padre Luis nos aconsejó, intentamos entrar en recogimiento y vivir un poco el silencio para poder acompañar al Señor en lo que estaba a punto de vivir. Rezamos el Vía Crucis en la Basílica del Rosario. Las imágenes del Vía Crucis nos ayudaron mucho a ayudar a Jesús a cargar con la cruz. Además tuvimos huecos libres para poder ir a rezar a la capelina, acompañando a la Virgen de cerca. Comimos (intentando guardar el ayuno por supuesto) y por la tarde, nos reunimos en grupos para poner en común como lo estábamos viviendo y reflexionar sobre la Pasión. Tuvimos una breve explicación sobre la película de La Pasión de Mel Gibson, para que pudiéramos entender ciertas escenas de la película.  Esa noche teníamos planeado verla y el objetivo de esa explicación era sobre todo intentar ir más allá, intentar no quedarnos solo en el dolor, en la parte física y el sufrimiento que vivió Jesús sino llegar al porqué de tanta entrega, al amor tan grande que había detrás. Esto nos ayudó mucho para vivir la Pasión en el corazón de Cristo, ver que sentía Él. Después tuvimos la celebración de los oficios, y después de cenar, vimos la película.

El sábado continuamos un poco con el recogimiento. Por la mañana nos fuimos de excursión a un parque natural, donde florecieron sentimientos encontrados entre nosotros. Unos, marcados por el siempre más, querían subir hasta arriba, y otros quedaban satisfechos quedándose a las orillas del río. Pero entre todos conseguimos llegar hasta arriba y disfrutamos de muy buenas vistas. Después tuvimos una reunión por grupos que disfrutamos especialmente porque el tema era de nuestra Madre al pie de la cruz. Hasta los más reservados aportaron impresiones que tenían de la Virgen y de cómo acompañó a su Hijo hasta la cruz, sin dejar de consolar a todos sus hijos. Comimos en casa y por la tarde fuimos a visitar la casa de la pastorcita Lucía, donde se le apareció el ángel y tuvimos unos momentos de compartir en grupo todos juntos. Y no solo eso, sino que también tuvimos un gran regalo, fuimos un rato a la capelina a rezar y sobre todo a cuidar a la Virgen. Ese día habíamos sido los escogidos, los discípulos amados que Jesús había dejado encargados de cuidar a su Madre ese día que Él no estaba. Y después de rezar el rosario todos juntos con Ella, tuvimos nuestra renovación de las promesas. Unos de aspirantes y otros de congregantes. Después de cenar empezó la gran preparación de esa noche. Unos con sus dones artísticos se prepararon para cantar en la Vigilia, otros tocando instrumentos, otros las lecturas y los monaguillos solo recibían instrucciones de todo el trabajo que tenían por delante. Dimos inicio a la vigilia, que estuvo marcada por mucho incienso, salmos y cantos, pero sobre todo por una gran alegría, LA GRAN ALEGRÍA, que Jesús ha resucitado. Y como gran noticia que merece ser celebrada, después de la Vigilia fuimos todos a festejarlo.

El domingo era un día muy alegre, aunque a algunos nos pesaba un poco el tener que partir ya. Como siempre puntuales, desayunamos y fuimos a despedirnos de la Virgen hasta la próxima vez que nos llame a ir. Tuvimos misa y nos metimos en el bus para emprender una larga jornada, marcada por el tráfico, el Señor de los Anillos y un buen compartir entre todos de lo que habíamos vivido y de lo que nos llevamos. Ha sido todo un privilegio poder haber vivido estos días tan importantes de la mano de la Virgen, que siempre está al pie de la cruz y que nos enseña que ella es el mejor camino para llegar a su Hijo.

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