Misión 6 de Octubre

Llegó el 6 de octubre, y con él, la primera misión del año. Nos reunimos todas en el colegio para dar inicio al nuevo curso con todas las misioneras, dando gracias a la Virgen por traernos aquí un año más y por todas las niñas nuevas que venían por primera vez. Tras una breve presentación del grupo, fuimos todas juntas a la capilla para el envío. Allí, delante de Dios, pusimos nuestro día en sus manos y en las de la Virgen. Revisamos cada parte de la oración misionera dejando que esas ideas calaran en nosotras para poder entregarnos en la misión siendo las manos visibles de María en la tierra. Este rato de oración nos ayudó a entender cómo  nuestra entrega tiene que ser sin buscar una recompensa, también como cada gesto agradable que tengamos con los demás puede ser mucho más grande de lo que nos pueda parecer, como la alegría se contagia y debemos contagiarla, y, sobre todo, a ponernos en las manos de María para que nos ayude a darnos como Ella.

DSC_8622Llenas de Dios nos dirigimos a los autobuses por equipos dispuestas a darlo todo en la misión. Pasamos la mañana en los distintos centros y residencias. Aprendimos de todas las personas que cuidan de los ancianos y los discapacitados a tratarles con cariño, fijándonos en cómo era cada uno y buscando la mejor forma de quererles, procurando trasmitirles el amor de Dios y su alegría con la ayuda de la Virgen.
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Después de una buenísima mañana pudimos disfrutar de una comida todas juntas donde no faltaron hambre, risas y, por supuesto, relatos de lo vivido por la mañana. Después tuvimos reunión por equipos, reflexionamos sobre la parábola del buen samaritano y nos ayudamos unas a otras dando nuestros puntos de vista y compartiendo nuestras experiencias en el colegio, la universidad, en casa…

Por la tarde nos dirigimos al centro “El Sotillo” donde habíamos estado en varias ocasiones. Organizamos un talent show para bailar con ellos diferentes cancionesDSC_8628 y ¡fue un éxito! Cantamos, bailamos… Nos sorprendimos una vez más de la felicidad y bondad de todas esas personas, como en medio de su dificultad son alegres y acogedores sin hacer excepción con nadie. Bastaba con mirarles a los ojos para darse cuenta de que son puro reflejo de Dios. Tuvimos la enorme suerte de poder celebrar Misa con ellos y así poder aposentar y meditar todo lo que habíamos aprendido durante el día.

Tras la Misa, nos ofrecieron una merienda estupenda reflejo de su generosidad. Y acabado el día, llegamos al colegio con el corazón alegre, las pilas cargadas y dispuestas a seguir entregándonos pero esta vez en casa.

EN TODO AMAR Y SERVIR.

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