Misioneras

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Quiénes somos

Anagrama

Misioneros del Mater Salvatoris es un grupo de jóvenes que ha decidido hacer una apuesta más grande por el Amor: sirviendo a los más necesitados y a los que no conocen a Dios a través de las obras de amor.

Formamos parte de la Congregación Mariana y la Virgen, primera misionera, es modelo, guía, madre e inspiración de nuestra entrega.

El lema de misioneras es “en todo amar y servir”, palabras tomadas de S. Ignacio de Loyola. Estas palabras son una síntesis del espíritu con el que queremos vivir el apostolado.

Qué hacemos

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1 SÁBADO AL MES
Las misioneras visitan centros de discapacitados, residencias de ancianos o casas cunas con el fin de acompañar con el amor de nuestra entrega a las personas que más puedan necesitarlo.

 

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1 FIN DE SEMANA AL AÑO
Las misioneras comparten un fin de semana entero con discapacitados, participando de su vida de manera más cercana.

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MISIÓN DE VERANO
En verano hacemos una misión rural poniéndonos al servicio del párroco que pueda necesitarlo. Atendemos a los niños, visitamos las casas, tenemos encuentros con jóvenes, noches de evangelización, rosarios nocturnos, cine y conciertos.

 

Actividades
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  • Misión Febrero ’22 (San Martín de Valdeiglesias)

    A lo largo del curso, las misioneras hemos estado yendo a distintos pueblos de los alrededores de Madrid. Por eso, esta vez, la misión ha sido algo distinta, pero no por eso menos especial. Esta misión salió adelante gracias a la generosidad del Padre Laureano, párroco de San Martín de Valdeiglesias. El Padre tenía una ilusión enorme para que todos los pueblos de la zona, y no solo el suyo, se empaparán del amor de Dios y de la alegría de las misioneras. Por eso, organizó una romería de familias en Pelayos de la Presa, que empezaría desde su monasterio y acabaría en su ermita.

    ¡Era una idea buenísima! Pero, íbamos con muchas dudas … ¿Vendrían muchas familias? ¿Estarían dispuestos a hacer con nosotras las actividades pensadas? ¿Haría buen tiempo? Como siempre, dejamos al Señor que hiciera de las suyas, y la misión fue todo un éxito a sus ojos. ¡Sólo Él sabe cuántos frutos dio la misión!

    Primero, nos dividimos en dos grupos: las encargadas de niños y las de padres. Yo suelo ir cargando con la cámara, así que tuve la inmensa suerte de vivir de cerca las dos misiones. Con los padres, se organizaron tres grupos de visitas guiadas por el monasterio, en el que las encargadas de explicar el arte hicieron un esfuerzo enorme memorizando toda su historia. Después, mientras los niños se quedaban jugando y dando catequesis con un grupo de misioneras, el resto fuimos con los padres para enriquecernos juntos y crecer en la Fe. Fue un momento muy íntimo donde pusimos testimonios en común, para ver la sencillez con la que Dios entra en nuestros corazones.

    Al acabar, subimos a la ermita y tuvimos la Santa misa. Qué impresionante vernos a todos en comunión alrededor del Señor, y sobretodo, ver a los niños arrodillados junto al altar, intentando ser los que más cerca se sentaban de Él. Después, comimos todos juntos, y por último, tuvimos el rosario con la Virgen. Yo miraba a través del objetivo de la cámara, y veía esas caritas de los niños mirando a la Virgen y rezando atropellada y muy lentamente, y no podía dejar de imaginarme la sonrisa que estarían poniendo nuestros padres desde el cielo.
    Volvimos todos al monasterio y las familias se marcharon a sus casas. Después, las misioneras tuvimos un juego muy divertido y la formación sobre la Santa Josefina Bakhita.

    Os reconoceré, que al principio del día me sentía un poco desubicada en la nueva misión. Pero una vez le das tu sí a Dios, te abandonas y te dejas guiar por Él, la misión nunca fracasa ¡Tan solo hay que dejarse hacer por Él! Tu pones tu entrega y tu amor, y Él se encargará del resto ¡Nos quiere tanto! ¡Nos cuida tanto! Además, estoy muy agradecida por la misión tan bonita que me han encargado este año. La cámara de fotos es siempre mi mejor aliada, y poder poner esa afición que tanto me gusta al servicio de la Iglesia es un gran regalo. Intentar captar el rostro de Cristo en las misioneras y en las personas a las que nos encontramos, es toparte con Jesús resucitado en los pequeños detalles.

    Si me tuviera que quedar con dos cosas de la misión, sin duda alguna diría: sencillez y unión. Porque Jesús se revela a los sencillos y a los pobres de corazón, y porque la unión como Iglesia es donde mejor se reconoce a Cristo vivo en cada uno de nosotros. Habiendo rezado esto volvimos felices a casa, habiendo podido conocer un poquito más el corazón de Jesús y el corazón de su madre, la Virgen.

    EN TODO AMAR Y SERVIR