Misioneras

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Quiénes somos

Anagrama

Misioneros del Mater Salvatoris es un grupo de jóvenes que ha decidido hacer una apuesta más grande por el Amor: sirviendo a los más necesitados y a los que no conocen a Dios a través de las obras de amor.

Formamos parte de la Congregación Mariana y la Virgen, primera misionera, es modelo, guía, madre e inspiración de nuestra entrega.

El lema de misioneras es “en todo amar y servir”, palabras tomadas de S. Ignacio de Loyola. Estas palabras son una síntesis del espíritu con el que queremos vivir el apostolado.

Qué hacemos

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1 SÁBADO AL MES
Las misioneras visitan centros de discapacitados, residencias de ancianos o casas cunas con el fin de acompañar con el amor de nuestra entrega a las personas que más puedan necesitarlo.

 

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1 FIN DE SEMANA AL AÑO
Las misioneras comparten un fin de semana entero con discapacitados, participando de su vida de manera más cercana.

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MISIÓN DE VERANO
En verano hacemos una misión rural poniéndonos al servicio del párroco que pueda necesitarlo. Atendemos a los niños, visitamos las casas, tenemos encuentros con jóvenes, noches de evangelización, rosarios nocturnos, cine y conciertos.

 

Actividades
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  • Convivencias de jefes ’21

    Como todos los años, las misioneras tuvimos las convivencias de jefas y subjefas de inicio del curso. Llegamos el viernes 17 por la tarde a El Espinar, Segovia. Empezamos con algunos juegos en equipos para disfrutar las unas de las otras y así unirnos para comenzar el fin de semana.

    Tras la cena tuvimos una dinámica a través de imágenes en la que cada una pudo compartir el significado de una amarilla, azul o blanca, además de lo que es misioneras para nosotras. Ahí pudimos ver cómo cada una de nosotras, con nuestras fortalezas y flaquezas, tenemos un plan único pensado por el Señor en misioneras. El Señor y la Virgen cuentan con nosotras para ser sus manos visibles.

    Terminamos el día presentando el lema de las convivencias: “Mis manos quieren ser donación, tu fiel instrumento para la misión”. A lo largo de los días vimos cómo nuestras manos están hechas para recibir y para dar. Somos conscientes de que no podemos dar algo que no tenemos. Por ello, tenemos que llenarnos de esa agua que nos sacia a través de la oración, ese encuentro con Cristo, aquel que nos ama y nos espera para poder actuar en nosotras. Además, es precioso saber, que nosotras también podemos ser esa fuente de Cristo para las demás.

    El sábado comenzamos el día con el ofrecimiento y tras desayunar tuvimos una excursión. Nada más empezar tuvimos 30 minutos de silencio para ir acompañadas por el Señor, tuvimos la oportunidad de ver con su luz cuál es su lugar en nuestra familia, amigos, universidad y en misioneras. Durante la excursión a través de la naturaleza pudimos admirar su grandeza y todos esos regalos que nos ha dado. Es bonito ver lo pequeñas que somos ante Él y cómo aun así nos elige como instrumentos débiles y cuenta con nuestras limitaciones en su plan de amor. Sin duda, fue una oportunidad de acercarnos a Él y a las demás jefas a través de conversaciones, canciones…

    Al regresar, hicimos algunos juegos entre nosotras. Más tarde, fuimos a Misa y tuvimos una hora santa para poner el día a los pies del Señor y de la Virgen. Desde la Iglesia, escuchando el ruido de fuera y del mundo, pudimos meternos dentro de nuestro corazón para encontrarnos con Él. Pudimos ver los deseos de nuestro corazón y cómo Él simplemente nos dice: “Dame tu corazón, ámame tal como eres”.

    Para cerrar el día, nos unimos todas para ver las estrellas y cantar.

    El domingo tuvimos una pequeña excursión acompañada de una guerra de pintura, en la que todas disfrutamos y acabamos inmersas en pinturas de todos los colores posibles. Tras ese momento solo se respiraba alegría, una alegría que no se encuentra en cualquier otro lado.

    Por la tarde nos unimos todas para centrar el nuevo curso de misioneras repleto de grandes cambios. Misioneras no deja de crecer como grupo y esto supone que hay más manos para dar y recibir, más manos para llegar a cada persona y a cada misionera, más manos para llevar a Dios y a la Virgen a los demás, en definitiva, más manos para transmitir su mensaje de amor al mundo.

    Para poder cumplir todos nuestros objetivos, cada una compartió las fortalezas que veía en misiones, así como los puntos a mejorar. También recalcamos cómo este curso va a ser un curso de renovaciones y de crecimiento para todas, en especial, las jefas que guiaremos a las niñas y las llevaremos a Dios de primera mano.

    No había mejor forma de acabar las convivencias que de la mano de la Virgen en un Rosario. Ofrecimos todo el Rosario por este nuevo curso en Misiones, para que todas fijemos la mirada en el Señor y la Virgen y así ser sus instrumentos.