Crónica excursión 28 S. Montañeros Chicos.

Primera parada: Cerro de Valdemartín (Excursión 28.IX)

El pasado sábado 28 de septiembre tuvo lugar la primera toma de contacto de los Montañeros del Mater Salvatoris con nuestro hábitat tras acabar el verano. Primera excursión del curso: caras nuevas y muchas ganas; así que por supuesto no podía faltar una crónica para contarles a todos nuestros lectores el gran día que tuvimos.

Empezamos como siempre: a las 8.30 quedamos en el Mater para, un rato después, dirigirnos en autobuses a la montaña. Ya en el autobús empezaron los nervios típicos del inicio de curso “¿Quién va a ser mi jefe este año?” “¿Con qué amigos voy a estar?” Pero estos nervios se fueron apagando a medida que nos acercábamos al Puerto de Navacerrada. ¡LLEGAMOS POR FIN AL APARCAMIENTO! (para que todas las madres os quedéis tranquilas: fue un buen viaje de ida, llegamos sanos y salvos, no hizo mucho frío ni mucho calor en el bus y hablamos un montón con todos los amigos que llevábamos sin ver desde el campamento o el viernes en el cole. El conductor, de hecho, nos felicitó por lo limpio que dejamos el autobús y lo bien que nos portamos).

Tras bajar del autobús, cogimos nuestras mochilas, las cargamos al hombro y estiramos. Es muy importante estirar y calentar no vaya a ser que nos dé un tirón o algo en mitad de la montaña. Uno de los calentamientos más importantes es el de las orejas. Sí, así es, ¡las orejas! Gracias a ésto, todos vuestros hijos nos escucharán a los jefes con claridad y no habrá ningún accidente.

Estamos ya a punto de subir ¡Os lo prometo! Pero aún nos faltaba una de las cosas más importantes del montañero: encomendar el día a la Virgen y a Jesús. El Padre Luis de Prada nos dio unos puntos para rezar en el rato de oración. ¡Ahora ya sí que sí empieza el ascenso! Al comenzar a andar, los primeros 15 ó 20 minutos los hacemos, como siempre, en silencio, rezando los puntos que el Padre Luis nos ha dado, dando gracias a Dios por todo lo que tenemos y ofreciendo nuestro caminar.

Una vez acabó el rato de oración, el jefe que guiaba hizo una breve parada de reagrupación, cortita, no más de 5 minutos, y seguimos. Hay quienes iban hablando del cole y de los profesores que les habían tocado en el inicio de curso, preguntando a los jefes que iban a su cole qué tal eran esos profesores… Hay otros que, prefiriendo desconectar de la dura jornada escolar del adolescente, prefirieron comentar lo que hicieron la tarde anterior, el nuevo videojuego que han sacado o, por supuesto, el soporífero Atleti-Real Madrid que se jugaría aquella tarde. En fin, todos íbamos subiendo alegremente, jefes con los niños juntos para, poco a poco, formar piña, una patrulla. Segunda parada: la Bola del Mundo. ¡A beber un poco de agua y a comer, hay que recuperar algo de fuerzas!. Empieza el despliegue del “aperitivo” y hay quien al sacar sus Pringles, en cuestión de un abrir y cerrar de ojos, tuvo un inmenso círculo de montañeros a su alrededor; y es que, queridos padres, las Pringles son el manjar montañero por excelencia. Hay quien también sacó su bolsa de chuches y, acto seguido, tuvo a otro puñado de hienas en torno a él con ganas de no dejar chuche viva. Lo mejor es que no hay nadie que se quede sin algo pues todos estamos encantados de compartir con los demás; siempre veo a los niños ir corriendo a ofrecer a otros con una sonrisa de oreja a oreja. Y aunque te queden dos de “loquesea” siempre sale ese espíritu montañero de ofrecer a los demás, lo que demuestra lo mucho que estamos unidos entre nosotros.

Continuamos con la excursión hasta llegar a la meta y coronar el Cerro De Valdemartín. Una vez llegados el Padre Luis y Charlie, quienes cerraban el grupo para atender a los rezagados, cantamos todos a una sola voz nuestro himno y nuestros gritos: “¡POR CRISTO! ¡POR LA VIRGEN! ¡POR ESPAÑA! ¡MÁS MÁS Y MÁS!” ¡Cómo vamos a demostrar que hemos llegado si no gritamos a pleno pulmón nuestro himno para que vosotros, padres, nos escuchéis desde vuestras casas! No sería lo mismo… Una vez acabado el grito, con el silencio de cumbres, aprovechamos para disfrutar de la Creación y dar gracias a Dios.

No solo anduvimos por la montaña, una vez arriba tuvimos varios juegos. Primero jugamos al ¡Bidibi dabidi bu! Un juego en el que solo ligan 4 para pillar al resto y cambiar roles; pues para que os hagáis una idea de lo divertido y caótico que fue (este último epíteto es innato a nuestra condición de chicos), siempre había unos 10 niños en el centro ligándola sin saber cómo. Preguntad, padres, a vuestros hijos por el ¡OHH JAMES! Además también jugamos al ajedrez humano, un juego que requiere muchos reflejos para no caer en los amagos del contrario. Mención especial en este juego a nuestro montañero Mario Torrente, quien eliminó a unas 10 personas del equipo contrario en su turno y, gracias a eso, consiguió su equipo una gran ventaja para encarrilar su victoria. Sin embargo, tras una gran carrera del ya veterano montañero Nacho Barco, tras tocar al rey rival y ser perseguido por todo el equipo contrario, llegó a su meta sin ser pillad, remontó y consiguió para su equipo la victoria a pesar de su inferioridad numérica.

En la hora de la comida tuvimos unos invitados especiales que nos acompañaron durante nuestro tan merecido banquete: las vacas que pastaban por ahí y que cada vez se acercaban más y más a nosotros para alejarse de todas las montañeras que estaban jugando a nuestro lado y quitándoles a las pobres vacas su espacio, y claro, éstas se vieron en la necesidad de quitárnoslo a nosotros.

Más tarde, antes de volver hacia la Bola del Mundo para participar en la santa misa, tuvimos la RxP (reunión por patrullas) donde hablamos sobre la fidelidad (chicos pequeños) y el bautismo (chicos mayores), temas muy interesantes y, más aún, escuchar lo que vuestros hijos tienen que decir al respecto.

Tuvimos misa ya en la Bola del Mundo y que mejor sitio para participar de ella que la cumbre de una montaña; además de que es espectacular, es muy importante guardar un momento para Jesús celebrando misa. Tras la misa nos dispusimos a bajar hacia los autobuses para volver al Colegio. Desde entonces, después de rezar el rosario, todo se convirtió en un gran concierto de cánticos de bajada, dirigidos por Coque y Álvaro. Ya en el autobús nos pudimos quitar las botas y recostarnos sobre el asiento que, gracias a Dios, era acolchado y empezamos a saborear el más que merecido descanso del montañero.

Ahora sí, madres, lo que todas queréis escuchar: tuvimos un día magnífico, un tiempazo, sol todo el rato (alguno de vuestros hijos no sabríais si volvía de la montaña o de pasar una semana en Marbella), nos ayudamos los unos a los otros si lo necesitábamos, reímos, lo pasamos en grande; y, sobre todo, pudimos disfrutar de un maravilloso día de la mano de María.

FDO: Nano.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *