Crónica misión noviembre 2019:

Pasado un mes desde nuestra última misión, las misioneras nos volvimos a reunir un sábado más en el colegio a las 8:30 de la mañana para dar comienzo a otro día dedicado a Dios y ¡dispuestas a servir!

En todo amar y servir

Este fin de semana creo que he podido darme cuenta de algo muy importante que siempre decimos y que también escuchamos constantemente, y es que, realmente la misión no empieza cuando entramos por la puerta de la residencia o del centro de discapacitados que visitamos, sino desde el minuto 1 de la mañana: cuando suena el despertador, nos ponemos nuestro polo rojo y brazalete y nos levantamos a luchar el día por y para Dios. Porque, verdaderamente, es Él Quien ha querido que yo esté ahí ofreciendo mi sábado y yéndome de misión, y así con cada una de nosotras.

Es por eso que lo primero que hacemos en la capilla del colegio antes de subir a los autobuses, es el envío misionero. El envío, con el Santísimo expuesto, es tan importante (mucho más en realidad) como la propia visita a los centros. Es la parte más esencial de la misión, donde cogemos fuerzas y nos llenamos de Dios para poder llevarle a todas las personas que nos vayamos a encontrar durante el día. Es donde el Señor nos enseña ese Amor que sólo está dispuesto a dar y a entregarse, y que con la ayuda de la Virgen nosotras vamos aprendiendo a acogerlo y empaparnos de Él. Jesús quiere que dejemos de lado nuestros problemas, perezas y preocupaciones a los pies de la custodia en ese momento para centrarnos en Él y dejarnos liberar y curar por su Amor. Y con ese Amor, el resto de la misión irá rodada. Sólo el Señor saca grandeza de nuestras debilidades, y con eso inscrito en el corazón nos dirigimos a Segovia… ¡que cada una dé lo que tiene!

¨La alegría donada volverá a nosotros¨ Benedicto XVI

Nos dividimos en grupos por la mañana para visitar varias residencias y un centro de discapacitados. Como siempre, me impresionó lo felices que son nuestros amigos los ¨favoritos de Jesús¨ con tan poco: hablando con ellos, tocando la guitarra y cantando canciones o con algo que parece tan insignificante como cogerles de la mano. Nos reunimos todas de nuevo para comer en uno de los centros, y tuvimos nuestra reunión por grupos, donde continuamos hablando de los emblemas misioneros como en la pasada misión, aunque esta vez nos centramos especialmente en el de la caridad (virtud que tanto necesitamos adquirir los misioneros).

Por la tarde, volvimos a visitar los mismos centros pero hicimos rotación de equipos, de manera que pudiéramos visitar más de una residencia por grupo. En la residencia de las Hermanitas de los Pobres, donde fui con mi equipo, conocimos a varios ancianos que amablemente nos abrieron la puerta de sus propias habitaciones para poder pasar un rato disfrutando de su compañía. Allí conocí a una señora que me llenó especialmente el corazón. Era muy risueña y agradecida, aunque sin duda el placer de pasar con ella la tarde fue mío. Terminamos con un divertidísimo bingo de santos y volvimos al centro de discapacitados del Sotillo, donde acabamos nuestro día celebrando misa con ellos antes de volver a Madrid.

¨Florecillas de Jesús¨

Sin duda fue un día maravilloso que hizo que llegásemos cansadas a nuestras casas, pero llenas de una alegría inmensa que hemos comprobado que sólo nos la dan el servicio y la entrega a los demás, es decir, llevar ese amor de Dios tan especial que mencionaba al principio. La semilla está plantada y ahora sólo queda rezar por los frutos que pueda dar este gran día.

¨Llévame donde los hombres necesiten mis ganas de vivir¨

Deseosas ya de nuestra próxima misión del mes que viene, y por supuesto, siempre acompañadas de nuestro ejemplo más grande: María, la primera misionera, que nos enseña cómo entregarnos a los demás como hizo Ella y cómo no hay lugar más grande donde estar, que a los pies del Señor.

¨Una mirada que en ojos de un hombre es la misma mirada de Dios¨

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