Montañeros Mayores Mater Salvatoris

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  • Crónica Montañera Febrero 2020

    La mañana del sábado 8 de febrero los
    Montañeros del Mater Salvatoris conseguimos vencer la tentación de las sábanas
    y, tras un provechoso desayuno, empacamos todo lo necesario para disfrutar de
    otro día en la montaña. Tras llegar al Mater y saludar a compañeros y amigos
    nos subimos al autobús donde nos ponemos al día e intentamos sonsacar a los
    jefes a donde será la marcha de hoy, y si será muy dura o no.

    Tras que el autobús nos dejase en el parking de
    las Dehesas, nos reunimos con nuestros amigos montañeros del Stella Maris, con
    quien emprenderíamos este día la subida y nos preparamos para la marcha,
    primero calentamos los músculos y después el alma, gracias a los puntos que nos
    dio el P. Fernando. Como siempre, los primeros minutos de la marcha son en
    silencio, ya que no somos domingueros, sino Montañeros de María, y empezamos la
    marcha poniéndonos a sus pies.

    Comenzamos la marcha siguiendo la antigua
    calzada romana, que poco a poco nos llevaría a través del valle de la Fuenfría.
    Envueltos en un bosque silencioso, aunque no tarda en animarse gracias a
    nuestros cantos y bromas. Tras una parada donde cerramos el rato de oración y
    asaltamos los aperitivos que traíamos de casa, llegamos al puerto de la
    Fuenfría, desde donde seguimos a nuestros jefes por una senda que nos llevaría
    a nuestra meta: Cerro Ventoso. Aunque durante casi toda la marcha el cielo se
    mantuvo cubierto, llegando a la cima las nubes empezaron a descargar sobre
    nosotros, pero según subíamos el agua se iba tornando blanca, hasta que al
    llegar a la cima nos vimos envueltos en copos de un tamaño considerable. Ya en
    la cima, entonamos nuestro himno, terminando con el grito montañero y un
    precioso silencio de cumbres.

    Rápidamente bajamos de nuevo al bosque, donde
    los árboles mitigaban el viento que se había levantado, y nos dispusimos a dar
    buena cuenta de las vituallas que traíamos de casa, compartiendo con nuestros
    amigos patatas, frutos secos y multitud de chucherías. Después de comer tuvimos
    dos apasionantes partidas de Ajedrez Humano, donde nos dividimos en dos equipos
    y competimos entre nosotros al estilo “pilla-pilla”, teniendo cada uno un rango
    asignado (alfil, caballo, peón,…). Aprovechando que las Montañeras estaban
    cerca, y que el tiempo aclaró un poco, tuvimos la suerte de poder celebrar la
    Santa Misa en la montaña, rodeados del mejor Templo que es la naturaleza.

    Ya notando el cansancio en nuestras piernas,
    emprendemos la bajada sin prisa mientras rezábamos el rosario, teniendo antes
    de subirnos a los autobuses la debida RxP, donde los mayores tratamos el pecado
    de la Gula, y como hacerle frente. Llegamos de vuelta al mater, donde nos
    esperan nuestros padres, y ponemos fin a una excursión donde encontramos todos
    los climas posibles y que seguro será un recuerdo que tarde olvidaremos.

    Un Montañero