Montañeros por la Peñota

El pasado sábado 18, los Montañeros del Mater Salvatoris volvíamos a amanecer calzándonos, en vez de las zapatillas de estar por casa, las botas de montaña.

A las 8:30 de la mañana estábamos ya casi todos los chicos en el parking del colegio con ojeras pero con ganas de coronar por María otra cumbre más. Estábamos como siempre: en grupetes, corrillos; comentando con los amigos que no vemos durante la semana qué tal todo: el cole, los amigos, el partido de Champions de la semana pasada… Nos montamos en el autobús y salimos hacia Cercedilla llenando, como ya es tradición, un autobús entero los chicos.

Al empezar la marcha, los comentarios fueron acordes con lo visto: ¡Que día más bueno para la excursión!, ¡Que vistas vamos a tener arriba!… Solo eran palpables las ganas. Como siempre empezamos calentando tanto por fuera como por dentro, desde los pies hasta el ya tradicional calentamiento de orejas para escuchar bien a los jefes o los párpados para poder todo bien, como el calentamiento del alma, dirigido por el Pater, con sus puntos de oración y los treinta posteriores minutos de meditación.

La excursión tenía un objetivo concreto: coronar la Peñota. Esta parecía sencilla, andábamos por llanos y casi en línea recta sin apenas posibilidad de pérdida; hicimos una primera parada en la que nos encontramos un simpático burro y un bonito caballo blanco. Proseguimos con la marcha y fue pensar que era fácil y no había complicaciones, ¡y nos acabamos perdiendo! Estuvimos un rato dando vueltas, pues había varios caminos y fuimos probando uno por uno hasta encontrar el nuestro. Fue entonces cuando empezó el momento duro: subir, subir y subir… Pero esta dificultad se vio atenuada cuando vimos aquello que todos teníamos tantas ganas de ver: la nieve. Había nieve por todas partes. Finalmente, conseguimos llegar a la cima donde hicimos el grito, el silencio de cumbres, comimos, descansamos y celebramos la Misa. Fue bastante interesante el contraste del tiempo durante la misa: empezamos la Misa con el cielo abierto y unas vistas espectaculares y acabamos rodeados de niebla, sin poder ver casi más allá del que teníamos al lado.

El momento más divertido fue sin duda la bajada pues gran parte la hicimos patinando sobre la nieve y marcando el territorio sobre las niñas lanzando bolas de nieve. Desde aquí queremos hacer un llamamiento especial a la Madre Eva y decirle que se le ha declarado la guerra de bolas de nieve oficialmente.

Tras una divertida y larga bajada, llegamos al pueblo en el que estaban los autobuses y, tras esperar a estos unos minutillos, nos subimos y volvimos a Madrid con ganas de contar nuestro día, descansar y, sobre todo, seguir siendo montañeros en nuestro día a día.

 

Un montañero.

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